DR. HAMER
La Nueva Medicina, Dr Ryke Geerd Hamer
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¿QUIÉN
ES EL DR. HAMER?. |
El Dr. Ryke Geerd Hamer nació en Frisia
(Alemania) en 1935, en el seno de una familia de pastores protestantes. A los 18
años, tras finalizar el bachillerato, inicia estudios de medicina y de teología
en la Universidad de Tübingen, donde conoce a una estudiante de medicina que
acabará por convertirse en su esposa, Sigrid Oldenburg. Con 20 años aprueba el
examen preliminar de medicina y un año después contrae matrimonio en Erlangen,
donde aprueba su licenciatura en teología.
En 1959, con 24 años Ryke Geerd Hamer
aprueba el examen estatal de medicina de Marbourg. Paralelamente a sus estudios
de medicina estudió doce semestres de la carrera de física, si bien no llegó
a efectuar el examen, y es licenciado en Ciencias Médicas, en las
especialidades de Psiquiatría y Pediatría.
En 1961, obtiene el grado de Doctor en
Medicina, trabajando durante varios años en clínicas universitarias de Tübingen
y de Heidelberg, donde ejerce también la docencia. En 1972 el Dr. Hamer se
especializa en medicina interna, y ejerce también en compañía de su esposa,
la Dra. Sigrid Hamer, realizando investigaciones sobre la «angiometría de los
tumores cerebrales».
Ha obtenido el diploma de especialista en
enfermedades internas del Hospital Universitario Alemán, y también el diploma
de radiólogo.
Tiene además, desde siempre, un hobby
singular: patentar inventos. Por ejemplo, dentro del marco de la cirugía plástica,
el escalpelo eléctrico Hamer, que permite operar de forma atraumática,
cortando casi 20 veces más finamente que un bisturí, y una sierra especial
para las intervenciones ósea. Tiene además patentados una couchette
para masaje que se adapta automáticamente al contorno del cuerpo y un aparato
que permite el diagnóstico serológico transcutáneo.
El Dr. Hamer recibió durante largos años el
respeto y la admiración de sus colegas, y la estima de sus numerosos pacientes.
Su carrera profesional e investigaciones -clásicas y ortodoxas-, reforzaban día
a día su posición de reputado especialista.
A las 3 de la madrugada del 18 de agosto de
1978, ante el pueblo de Cavallo (Córcega) y en el transcurso de una fiesta
celebrada en una nave, un aristócrata italiano, el príncipe Alberto de Saboya,
dispara, sin motivos ni causas aparentes, contra una persona desconocida que
dormía en la cubierta de un barco cercano. Esa persona era Dirk Hamer, de 19 años,
uno de los hijos del Dr. Hamer. Dirk Hamer fue trasladado todavía con vida a
Munich, falleciendo cuatro meses después, el 7 de diciembre de 1978, en
Heidelberg.
La trágica muerte de su hijo unida a las
dificultades de la investigación judicial que se llevó a cabo, y al desarrollo
de un complicado proceso posterior, afectan profundamente a la familia Hamer. El
Dr. Hamer desarrolla al cabo de cuatro meses un cáncer de testículos, en tanto
que su esposa, la Dra. Sigrid Hamer, recae consecutivamente en varias
enfermedades cancerosas hasta fallecer, el 12 de abril de 1985, a causa de un
infarto agudo de miocardio.
A partir de la muerte de su hijo y del
desarrollo de los cánceres en él mismo y en su esposa, el Dr. Hamer inicia su
investigación y emite la hipótesis de que tanto su cáncer como el de su mujer
pueden estar relacionados con el brutal conflicto que vivieron en el más
completo aislamiento, y que él percibió como el acontecimiento más grave que
le había ocurrido. Sus estudios e investigaciones le llevaron a formular lo que
él ha denominado la Ley de Hierro del Cáncer, piedra angular alrededor
de la cual se articula toda la Nueva Medicina.
En octubre de 1981 presenta la tesis sobre su
descubrimiento en la facultad alemana de Tübingen, y el tribunal médico le
coloca ante la alternativa de abjurar de su tesis o abandonar inmediatamente su
trabajo clínico en la facultad.
En mayo de 1982 la Universidad de Tübingen
le devuelve sus documentos de trabajo sobre las correlaciones entre psiquismo y
cáncer, sin haber efectuado ninguna verificación.
En 1986 la dirección del distrito de
Coblence entabla un proceso para condenar al Dr. Hamer y prohibirle el ejercicio
de la medicina por, textualmente, «no querer abjurar de la Ley de Hierro del
Cáncer y no asumir las tesis convencionales sobre el cáncer». Desde 1986
el Dr. Hamer no puede ejercer el derecho de atender un enfermo. El veredicto
queda confirmado en sesión única en 1990. Se prohibe cualquier proceso de
revisión, y se declara al Dr. Hamer como no poseedor de las facultades de
control de sí mismo, declarándosele incompetente para juzgar las necesidades
de tratamientos contra el cáncer.
En 1986 un tribunal condena a la Universidad
de Tübingen a reabrir el proceso de inhabilitación. Silencio hasta 1994. El 3
de enero de 1994, se pronuncia la ejecución del veredicto, ¡acontecimiento único
en la historia de la universidad!. Ni siquiera con un retraso de 13 años es
posible que esta universidad verifique la Nueva Medicina. El 22 de abril de 1994
declara que: «no está prevista la verificación en el marco del proceso de
habilitación».
El 21 de julio de 1988, el tribunal de
primera instancia de Coblence cita al Dr. Hamer a comparecer ante la cámara
correccional del tribunal, para someterle al examen del profesor Horn, director
del hospital psiquiátrico regional. El intento de internarlo a la fuerza en una
institución psquiátrica fracasa.
Los intentos de
desprestigio y desacreditación del Dr. Hamer y de sus descubrimientos,
(expuestos como Nueva Medicina), han sido constantes desde esa fecha. Sin
embargo, el 21 de mayo de 1997 el Dr. Hamer fue arrestado.
Tras
pasar un día en el calabozo, la juez Nagel, en Colonia (Alemania) decidió su
encarcelación basándose en tres puntos:
Según resolución
judicial, el Dr. Hamer «podía ser visitado en prisión media hora dos veces
al mes, previa solicitud, y a ser posible, en grupo». Medidas inconcebibles
ya que se le trata como a un peligroso criminal...
Los
descubrimientos del Dr. Hamer están expuestos brevemente en algunos de los artículos
que siguen. La verificación -o refutación- de sus tesis y supuestos queda en
manos de los científicos y médicos competentes. A pesar de ello, la prensa y
medios de comunicación en general no han escatimado los epítetos insultantes
en relación al Dr. Hamer, y el COMB (Colegio Oficial de Médicos de Barcelona),
que tiene abierto expediente a los «seguidores» del «método» Hamer, porque
«las teorías del doctor Hamer no han estado nunca sometidas a los debates y
a las pruebas a las que se someten las hipótesis, los presuntos descubrimientos
y las nuevas propuestas terapéuticas que realiza la comunidad científica»
(Diario Médico, 19 de septiembre de 1995), no ha hecho mucho más que sumarse a
las voces de descrédito, sin querer afrontar el reto de «someter al debate» y
a la verificación las tesis expuestas en la Nueva Medicina por el Dr. Hamer.
Si
ellos no lo hacen ¿quién se supone que debe hacerlo?.
O es
que, tal como los cancerosos pintaron en 1956, en los muros del Hospital de
Villejuif de París: «Del cáncer vive mucha más gente de los que morimos».
Introducción
a la Ley de Hierro del Cáncer.
Descubierta por el Doctor Ryke Geerd Hamer, y verificada el 9 de diciembre de
1988 en la Universidad de Viena.
Hasta
el momento, la investigación médica sobre el cáncer ha orientado su búsqueda
sobre el lugar de implantación del tumor: pulmón, hígado, senos, huesos, etc.
El problema planteado era: ¿por qué las células del organismo empiezan
bruscamente a proliferar de forma anárquica? ¿Virus? ¿Agentes externos tales
como tabaco, productos químicos en la alimentación, etc.?
El
tratamiento se ceñía en encontrar nuevos medios para detener la proliferación
celular: operaciones, rayos X, cobalto, quimioterapia...
El
Doctor Hamer retoma el problema desde otra perspectiva. A partir de su propia
experiencia -tuvo un cáncer-, y de la de los enfermos que a su cargo, ha
constatado a través de los años que siempre hay un síndrome bien determinado
en el origen del cáncer, y no tan solo un estrés cualquiera. Se precisa un
poderoso detonante, un choque psíquico brutal, que el paciente siente como el
mayor suceso de su vida; un conflicto agudo y dramático, vivido en aislamiento
psíquico. A este síndrome inicial, que él ha descubierto y verificado
cuidadosamente en cada uno de los miles de casos examinados hasta el presente
(11.000 en 1988), le ha dado el nombre de Síndrome Dirk Hamer (S.D.H.),
retomando el nombre de su hijo Dirk cuya trágica muerte en 1978 fue el origen
de su propio cáncer.
La
experiencia de estos miles de casos individuales, diagnosticados y tratados en
el transcurso de los últimos años, lo ha conducido a desgranar poco a poco las
constantes, y a formular una ley, que se verifica siempre de forma precisa, la
Ley de Hierro del Cáncer, y que no ha sido nunca rebatida.
Este
ley, de la que el Síndrome Dirk Hamer es la pieza clave, el eje
principal, se enuncia como sigue:
1.
Todo cáncer se inicia por un Síndrome Dirk Hamer, es decir, por
un choque extremadamente brutal, un conflicto agudo y dramático vivido en el
aislamiento, y percibido por el paciente como el más grave que jamás haya
vivido.
2.
Es el grado subjetivo de conflicto, la forma en que el paciente lo ha
experimentado en el momento del Síndrome Dirk Hamer, su matiz, lo que
determina:
a.
el Foco de HAMER, es decir, la zona específica del cerebro que
bajo la influencia del choque psíquico, sufre una ruptura de campo y da las
directrices anárquicas a las células del órgano dependientes de esta zona.
b.
la localización del cáncer en el organismo.
3.
Hay una correlación exacta entre la evolución del conflicto y la del cáncer,
en su doble nivel cerebral y orgánico.
Si
el conflicto se complica con nuevos conflictos secundarios (por ejemplo, la
angustia de saber que se tiene un cáncer), una nueva zona del cerebro puede
resultar afectada, y un nuevo tumor aparecerá en el órgano correspondiente (lo
que en medicina clásica se denomina metástasis).
Una
vez que el conflicto desaparece, la zona cerebral afectada deja de dar órdenes
anárquicas. Reanuda su trabajo sobre el campo tal como lo realizaba
anteriormente. Las células cesan en su anárquica proliferación. Se detiene el
cáncer.
Tras
la suspensión del conflicto, la zona perturbada del cerebro tarda un cierto
tiempo en recuperarse. Para sanar, se rodea de un edema intra y perifocal. Es
este edema, visible en el escáner, lo que ha permitido al Doctor Hamer
localizar con precisión qué zonas habían sido afectadas por cada tipo de
conflicto, y qué órganos correspondientes resultaban alcanzados.
Al
final del conflicto, el cerebro ordena igualmente la regeneración del órgano
enfermo. El tumor se repara (edema peritumoral, ascitis, derrame pleural, pericárdico),
se enquista, se modifica en función de su localización, sea a través de una
contracción cicatricial (senos, abdomen), sea por reconstitución
(recalcificación de las lesiones osteolíticas), sea por expulsión (cavidad
bucal, recto, vagina, etc.)
La
fase de reparación, de curación, dura exactamente el mismo tiempo que la fase
de conflicto. Si durante esta fase se produce una recaída del conflicto, la
fase quedará prolongada. Este período de reparación transcurre con fatiga,
dolores y edemas, síntomas estos que pueden suavizarse según la terapia
preconizada por el Doctor Hamer.
Una
vez finalizada esta fase de curación, que se desarrolla sincrónicamente a
triple nivel psico-cerebro-orgánico, la tumefacción local debida a la
edematización cerebral desaparece y nuestro organismo recupera la salud.
Laboriosamente
descubierta en el transcurso de los años a través del método empírico, la
Ley de Hierro del Cáncer permite hoy en día abrir varias puertas. En efecto,
el Doctor HAMER ha podido constatar que la leucemia se conforma exactamente a
esta ley: tiene por origen un grave conflicto de desvalorización de sí mismo.
En tanto no se trate de un traumatismo cerebral, de una malformación congénita,
la crisis epiléptica es, por así decir, una oscilación brutal simpaticotónica
a fin de frenar una edematización excesiva producida por la vagotonía.
El
infarto de miocardio se desencadena siempre en el transcurso de la fase
consecutiva a la solución de un conflicto territorial, siempre que este
conflicto haya tenido una duración de por lo menos dos o tres meses.
Actualmente, existe ya un gran número de enfermedades que pueden deducirse de
la Ley de Hierro: esclerosis de placas, Parkinson, poliartritis, diabetes,
eczema, asma, zóster, úlcera, depresión nerviosa, enfermedad mental, etc.
Siempre hay un conflicto de matiz muy preciso tras cada una de estas
enfermedades, y la curación es posible tras liberarse del conflicto.
Las
cinco leyes biológicas.
La primera ley biológica de la Nueva Medicina.
La
Ley de Hierro del Cáncer.
La
expresión Ley de Hierro del Cáncer está vinculada con la historia. Al
principio, buscaba únicamente las causas y los efectos de las enfermedades
cancerosas. Cuando en 1981, en Oberaudorf, cerca de Kufstein (3 años después
de mi propio cáncer), descubrí la primera ley biológica, la llamé Ley de
Hierro del Cáncer, con sus tres criterios.
Antes,
se tomaba por cáncer un tumor con importante multiplicación celular. Se
pensaba que las células cancerosas emigraban hacia otros lugares del cuerpo
humano, las metástasis que finalmente no existen. Cuando se encontraron
los médicos, cada vez más a menudo, confrontados con metástasis óseas,
que son todo lo contrario de una multiplicación celular, dado que el hueso es
lesionado, ya no se supo lo que era realmente el cáncer. El decano de la
facultad de Tübingen contestó al juez, en 1986, durante el juicio de
habilitación, que el cáncer se componía de células gruesas con un núcleo
importante y que había mitosis (división celular). Claro que todas las células
son gruesas antes de dividirse, casi el doble de las demás, y su núcleo es
también dos veces más gordo que antes. Ya que de un núcleo saldrán dos, y de
una célula gruesa, dos células normales. Se creía igualmente que las metástasis
óseas, es decir de las cavidades óseas, de donde millones de células habían desaparecido,
en lugar de haber creado nuevas células, no podían curarse y no podían
rellenarse otra vez de tejido óseo (callo). Fue cuando los radiólogos
constataron que, en algunos pacientes, que presentaban antes necrosis óseas,
aparecían más tarde en sus radios, en los mismos lugares, unas manchas
blancas. No sólo había más tejido óseo que antes (agujero), sino que era más
espeso que en un hueso sano. Se llamó a estas manchas blancas, por oposición a
las necrosis óseas, metástasis osteoblásticas (que aseguran la formación
de la trama ósea). Las necrosis óseas fueron llamadas metástasis osteoclásticas
(agentes destructores de la substancia ósea).
Ya
nadie entendía nada el asunto. Las metástasis osteoblásticas no eran, a fin
de cuentas, más que la curación de la necrosis ósea, igual que el
osteosarcoma. No se mencionaba al osteosarcoma más que cuando se abría el
periostio, por ejemplo para efectuar una toma. El callo que se formaba para
rellenar la cavidad y que producía una presión en el interior del hueso,
curvando el periostio (muy doloroso), se derramaba durante la intervención en
los tejidos lindantes, las células del callo crecían y endurecían el tejido.
Existía entonces un semi-hueso, que nombraban osteosarcoma.
Como
siempre ocurre, cuando falta el conocimiento, se recurre a la creación de
dogmas. Todo fue repartido entre benigno y maligno.
Fue
en 1981 que hice saber que el cáncer, al contrario de lo que se pensaba, provenía
de un choque psíquico inesperado, choque que toma al ser humano o al animal por
sorpresa, lo que llamo el choque conflictivo biológico; aquel cáncer se
desarrolla mientras exista el conflicto biológico y podría, en cuanto cese el
conflicto, si se dejase hacer a la naturaleza, desaparecer espontáneamente.
Dejar
a la naturaleza actuar, es por ejemplo el aceptar la presencia de micobacterias,
no intervenir en el periostio, no emprender quimioterapia, ni rayos, ni tomar
morfina. Todos aquellos tratamientos no son biológicos y contrarian el ciclo
natural que funciona desde hace millones de años. Son responsables de las estadísticas
del Centro Alemán de Investigación sobre el Cáncer, de Heidelberg: el 98% de
las personas afectadas de cáncer y tratadas por ello mueren en los siete años,
el 95% fallecen ya al cabo de cinco años.
Con
la Nueva Medicina, el 95% de los pacientes no tratados (nada de quimioterapia,
etc.) sobreviven. Para los animales, hablaremos del 80% al 90% de curaciones
espontáneas si se deja hacer a la naturaleza. Antes de 1981, teníamos varias
teorías en cuanto al orígen del cáncer, mas nadie se imaginaba que pudiese
sobrevenir durante un choque conflictivo biológico extremadamente brutal, dramáticamente
vivido en la soledad (no expresado, no escuchado, no oído). Sin embargo,
aquella hipótesis fue citada ya hace varios siglos, en la Antigüedad, pero había
caído en el olvido y considerada como no científica. Debo ser sincero:
entonces, no conocía la quinta ley biológica. ¡No ocurre igual con el DHS (Dirk
Hamer Syndrom) durante un conflicto biológico! El DHS pone en marcha el
programa biológico adecuado de la naturaleza, llamado SBS(programa biológico
especial), con pleno sentido. Siendo el DHS de gran utilidad, pues es el DHS lo
que sienta las bases para que pueda desarrollarse dicho programa y sin él ese
95% no tendría la posibilidad de recuperarse.
Es
muy importante, querido lector, comprender perfectamente el DHS, así, habrá
comprendido la mitad de la Nueva Medicina. En efecto, el DHS será el eje, el
polo de toda medicina por venir.
Primer
criterio.
Todo
cáncer o enfermedad equivalente al cáncer es un programa biológico especial
adecuado (SBS) y empieza por un DHS, a saber un choque conflictivo biológico
extremadamente brutal, vivido en la soledad. Se localiza en los tres niveles: psíquico–cerebral–orgánico.
Todo
lo que no es cáncer es equivalente al cáncer. Quiero hablar de todas las
enfermedades existentes, a sabiendas de que lo que llamamos hoy en día enfermedad
es siempre una fase de conflicto (activo o solucionado). Ahora, podríamos
llamarla: La Ley de Hierro de toda medicina. (Pero nos quedaremos con la
denominación de origen).
El
psiquísmo, el cerebro y el órgano constituyen el organismo entero.
Clasificamos el organismo en tres niveles para trabajar mejor en cada nivel de
manera científica y biológica. Ya que el DHS tiene une incidencia sincronizada
en los tres niveles, debemos encontrarlo en cada nivel. Dado que queremos y
debemos posteriormente reconstruir el DHS, el hecho de poder encontrarlo en los
tres niveles constituye una gran suerte para nuestras investigaciones sobre el
psiquismo y el órgano. El DHS lo desencadena todo. En el momento preciso del
DHS son fijadas a la vez la localización en el cerebro y la localización del cáncer
o su equivalente en el órgano. Pero hay que notar otro punto importante: son
los raíles de los cuales hablaré más extensamente. Todo lo que siente
el individuo en el momento del DHS, que sea por la vista, el oído, el olfato o
el tacto, así como los distintos aspectos de su conflicto, quedan anclados en
él y se pueden más o menos ver en una tomografía cerebral. Por ejemplo, una
mujer diestra de 40 años sorprende a su marido in fraganti con una bella
muchacha de 18 años en el lecho conyugal. Si quiere a su marido, tendrá
probablemente un conflicto de tipo sexual, pero también tendrá un conflicto de
desvalorización en relación con su pareja, con descalcificación del hombro
derecho. Si no se trata de una bella muchacha, sino de una prostituta, el
conflicto sexual seguirá presente, pero se añadirá un conflicto en relación
con el compañero, que ocasiona un cáncer del seno derecho, y un conflicto de
asco, ya que una prostituta estaba acostada en la cama del matrimonio, además
de un conflicto de repugnancia-asco que ocasiona hiperglucemia.
Todos
los distintos aspectos, que funcionan casi como el conflicto biológico mismo,
con los distintos raíles, están presentes ahora. Lo que significa raíl:
Cada vez que volvemos a sentir uno de los elementos del conflicto, volvemos a
vivir el conflicto inicial y regresamos en el raíl. Ejemplo: el color del pelo,
la forma de la cara, la silueta del busto de la amante del marido, su olor, su
perfume, su voz, etc. recuerdan el conflicto inicial. En el caso de un encuentro
posterior con cualquiera mujer recordándole aquella amante, la esposa se
encuentra otra vez inmediatamente en el raíl. Esto despierta el
complejo conflictivo entero. Es la razón por la que la búsqueda del DHS es
absolutamente esencial para el diagnóstico. No basta con encontrar el DHS, mas
nuestros estudiantes tienen también que rastrear cualquier recuerdo o sensación
del enfermo, porque son muy importantes. Sólo podémos entender ciertas
recidivas si conocemos los raíles que el DHS dispuso.
Segundo
criterio.
En
el instante del DHS, es el tenor del conflicto biológico que determina tanto la
localización del Foco de Hamer en el cerebro (FH: configuración en forma de
blanco en el cerebro y en algunos órganos) como la localización del cáncer o
de su equivalente (SBS) en el órgano.
De
hecho, el segundo criterio viene precisando el último punto del primer
criterio: el contenido del conflicto biológico y la localización en el cerebro
y en el órgano se determinan en el momento mismo del DHS. ¡El conflicto biológico
es síncronico con los tres niveles, al mismo instante: es posible constatarlo,
verlo, medirlo!.
El
paciente no puede ignorar el DHS en el escaner si sabe de qué se trata, y es
igual para con el médico. No se puede ignorar una configuración en forma de
blanco en una tomografía cerebral. Al mismo momento del DHS, el órgano se ve
igualmente afectado por una multiplicación celular o, en otros casos de cánceres,
por una pérdida celular conduciendo a una úlcera o a una necrosis (tumor de la
piel o de la mucosa).
Tal
y como ya lo hemos mencionado, se nos ofrece ahora, por segunda vez, la
posibilidad de prever el desarrollo de lo que llamamos enfermedad (y que
reconocemos por parte del programa especial biológico adecuado previsto por la
naturaleza), del mismo modo que se puede prever el desarrollo de un embarazo.
Tercer
criterio.
El
desarrollo del SBS en los tres niveles (psíquico, cerebral y orgánico) a
partir del DHS y hasta resolución del conflicto (si hay solución) y la crisis
epiléptica son perfectamente sincronizados.
Este
tercer criterio hace de la Nueva Medicina, desde el principio, una ciencia, en
el sentido de las ciencias físicas, naturales y biológicas. Nos permite
reconstruir y reproducir cada caso médico, lo que nunca fue posible con la
medicina convencional.
La segunda ley biológica.
Todo
SBS sigue una evolución bifásica cuando el conflicto ha sido resuelto.

El
esquema anterior muestra un SBS (programa biológico especial) clásico, cuando
hubo solución del conflicto (CL). Es el caso más frecuente, pero en el 5 al
10% de los casos, no hay solución del conflicto, sea porque el individuo no
encuentra solución, sea porque la naturaleza previó justamente la no-solución
del conflicto, para permitir la formación de grupos sociales, tanto en el medio
animal (rebaño, manada) como en la familia.
Aquel
esquema enseña que el DHS transforma la normotonía (ritmo día/noche) en
simpaticotonía permanente, lo que corresponde a un estrés continuo, estrés
que permanecerá hasta la solución del conflicto, cuando, durante la
conflictolisis, se instala una vagotonía permanente. Podríamos traducir
vagotonía por cansancio o reposo continuo. Aquella vagotonía será sólo
interrumpida, a su punto más bajo, por la crisis epiléptica, punto simpaticotónico
que caracteriza el cambio brusco de la fase vagotónica, con una necesidad
importante de orinar que permitirá la eliminación de gran parte de los depósitos
líquidos. El SBS se acaba con la vuelta a la normalidad o normotonía.
Cada
médico tuvo, para sus exámenes, que aprenderse de memoria las 1000
enfermedades de la medicina con sus síntomas y sus terapias. Identificamos
aproximadamente 500 enfermedades frías (cáncer, angina de pecho,
esclerosis en placa, depresión y trastornos mentales, etc.) y alrededor de 500
enfermedades calientes (infecciones, reumatismo, leucemia, osteosarcoma,
enfermedad de Hodgkin, etc.). Lo que hemos estudiado como enfermedades no
eran más que una fase del SBS para las enfermedades frías de la
simpaticotonía. No habíamos visto la fase caliente de la vagotonía
(gripe u otra enfermedad infecciosa) y para las enfermedades calientes,
se nos había escapado la fase fría o la habíamos, por error,
identificado como enfermedad en sí. De aquel modo, no podíamos
comprender la enfermedad ni tratar al paciente de manera realmente científica.
Llegamos
hasta lo absurdo, cuando identificamos, por ejemplo, la crisis epiléptica del
infarto de miocardio (extremo simpaticotónico al punto más bajo de la vagotonía)
con una enfermedad en sí.
Desgraciados
ignorantes éramos, presumimos 10 enfermedades en el caso del cáncer de
hueso, cuando se trataba de un único SBS:
Cáncer
de hueso = osteolisis =
No estudiaremos aún la
quinta ley biológica de la Nueva Medicina: la quintaesencia. Si no,
tenemos que reconocer que hemos interpretado las enfermedades como
manifestaciones malignas, averías de una naturaleza imperfecta, como el mal,
cuando el único mal era nuestra ignorancia sin límites. ¡La naturaleza
siempre fue perfecta!.
La tercer ley biológica.
El
sistema ontogenético de las «enfermedades».
(Cáncer
o equivalentes al cáncer) como SBS (programa biológico especial adecuado).

En
el esquema, se disciernen dos zonas: una zona inferior amarilla y una zona
superior roja.
La
parte amarilla corresponde con el cerebro antiguo: formado por tronco cerebral
(zona amarilla del esquema del cerebro), y el cerebelo o mesodermo
cerebeloso(zona amarilla con estrías naranjas), que proviene de la hoja
embrionaria media o mesodermo.
La
parte roja es cerebro nuevo, formado por mesodermo cerebral y ectodermo.
Miremos
otra vez el esquema: podemos ver que al nivel del cerebro antiguo, la fase
activa del conflicto se caracteriza por una multiplicación celular; luego,
durante la fase de curación, después de la solución del conflicto (CL), que
llamamos también fase post-conflictolítica (o fase PCL), el tumor se verá
eliminado por micobacterias (tuberculosis).
En
lo que concierne el cerebro (zona roja), es todo lo contrario: en fase activa
del conflicto, hay destrucción celular (necrosis y úlcera) y en fase PCL,
aquellas necrosis y úlceras serán rellenadas y curadas.
La
restitución y la curación de las necrosis y de las úlceras en fase PCL fueron
llamados cánceres y sarcomas, ya que entonces se notaba una multiplicación de
células y núcleos gruesos (mitosis). En realidad, aquello ocurría con el propósito
de la curación, mas nadie lo sabía.
La
llave del misterio es que tenemos también que tener en cuenta la hoja
embrionaria y la localización del relé cerebral específico al órgano. Así,
ahora podemos muy claramente clasificar todos los cánceres y las enfermedades
equivalentes al cáncer (que no eran más que una de las fases) y podemos
encontrar del mismo modo, los síntomas y las relaciones de la fase
complementaria.
Con
la tercera ley biológica, podemos comprender las causas, la base de todos los
fenómenos de la naturaleza en la medicina:
Podemos
comprender que los SBS de cada hoja embrionaria son unos hechos que vuelven con
regularidad tanto en nosotros como en todas las criaturas, unos hechos
programados en nuestro cerebro desde hace millones de años, que se desarrollan
más o menos del mismo modo, igualmente desde hace millones de años.
Nos
está dado comprender ahora por qué aquellos fenómenos adecuados fueron
creados por la naturaleza de distintos modos, ya que existen varias hojas
embrionarias.
Podemos
saber por qué no nos era posible comprender el cáncer, mientras no habíamos
entendido las causas y los efectos y, sobre todo, el mecanismo de creación de
nuestra evolución en relación con nuestros programas conflictivos biológicos.
Es la razón por la que, en nuestra ignorancia, siempre habíamos pretendido que
el cáncer era inembargable, maligno, que se trataba de un fenómeno totalmente
incontrolable y que evolucionaba de una manera salvaje, que nadie podía
entender. ¡Todo aquello era falso!.
El cáncer
y todas las demás supuestas enfermedades que comprendemos ahora como
programas biológicos adecuados (SBS) son de lo más sensato, lógico y comprensíble.
Todo está gobernado por las cinco leyes biológicas de la naturaleza, como se
lo estoy explicando. Lo que constituye un verdadero punto de vista científico,
ante las 5000 hipótesis no probadas e imposibles de probar de la medicina
convencional.
La cuarta ley biológica.
El
sistema ontogenético de los microbios.

En
este esquema, es fácil establecer la correlación entre la hoja embrionaria del
órgano, el relé cerebral y los microbios.
Como
podíamos esperarlo, unos sectores límites de las hojas embrionarias se
superponen: por ejemplo, los órganos gobernados por el cerebelo tal como el
corion (dermis), el pericardio (envoltura del corazón), la pleura (membrana
envolviendo el pulmón) y el peritoneo (membrana cubriendo el interior de la
pared abdominal) son labrados por las micobacterias (tuberculosis) pero
también pueden ser ayudados por las bacterias que contribuirán a la
caseificación bajo forma de sobreinfección, término que utilizábamos antes.
Aquella ayuda parece sin embargo limitada, parece no afectar más que el
tejido conjuntivo (interno) intersticial al borde del coríon o del mesotelioma
(nombre dado al cáncer del peritoneo, de la pleura o del pericardio).
Consideramos
los microbios como agentes perjudiciales que tenemos que destruir a toda
costa. Es insensato. Tenemos una necesidad urgente de microbios, de todos los
microbios presentes bajo nuestra latitud. Si por razones de higiene no tuviéramos
ya micobacterias, no podríamos en adelante evacuar nuestros tumores en fase de
curación. Aquello tiene consecuencias desastrosas para gran número de tumores.
Para
un cáncer de la glándula tiroides por ejemplo, aquello quiere decir que, aún
cuando el conflicto esté solucionado, si no puede ser evacuado, una gran
cantidad de tiroxína seguirá siendo producida, lo que, de un punto de vista
biológico, es totalmente absurdo. La única razón para que así sea es la
ausencia de micobacterias que normalmente destruirían el tumor y restablecerían
el nivel de tiroxina hasta la vuelta a la normalidad.
Ocurre
lo mismo con el cáncer del intestino grueso. Enormes complicaciones no pueden
ser evitadas más que por una intervención quirúrgica, en ausencia de
micobacterias.
Las
micobacterias.
Existen
desde casi tanto tiempo como los unicelulares, desde hace mucho más tiempo,
pues, que los animales o el ser humano. Tienen un papel bien determinado, deben
caseificar y destruir los tumores gobernados por el cerebelo y el tronco
cerebral en cuanto empiece la fase de curación (conflictolisis).
Pero,
como los tumores que deben corroer cuando estas hayan cumplido con su
función, las micobacterias se desarrollan igualmente en la fase activa del
conflicto (fase CA). Puede parecernos extraño, porque pensamos casi siempre en
las bacterias tales como el estafilococo o el estreptococo, y cuando las
cultivamos, necesitamos un terreno caliente.
Ahora,
entendemos por qué apenas podíamos cultivar bacterias in vitro. En un
terreno vivo como el embrión de un polluelo, su crecimiento es débil, casi
nulo. Hemos dilucidado el misterio: las micobacterias se desarrollan sólo
cuando el bacteriólogo, durante sus manipulaciones, inflija al embrión un
conflicto biológico activo. Pero como no conoce la Nueva Medicina, no podía
imaginar que sus manipulaciones pudiesen herir al embrión y ser responsables de
esta magra cosecha. Las micobacteria serán consideradas, pues como no cultivables.
Sabemos
ahora que las micobacterias, llamadas también bacilos ácido-resistentes ya que
los ácidos gástricos no los pueden destruir, tienen que estar presentes a
partir del DHS. Si las recibimos una vez la fase PCL empezada, ya no nos sirven
de nada para este preciso SBS, dado que sólo se pueden multiplicar en fase
activa del conflicto. Visiblemente, nuestro organismo, en perfecta armonía con
su aliada la micobacteria, no producirá más que bacilos ácido-resistentes
necesarios a la caseificación y a la evacuación del tumor.
¡Desgraciados,
estamos pensando en deber suprimir la tuberculosis!.
Los
circuitos de regulación de la naturaleza ya no pueden funcionar si jugamos los
aprendices de brujo y suprimimos ciertos elementos. Casi todo lo que hemos hecho
como médicos de los tiempos modernos no era más que disparate.
Comprendemos
también ahora que las pruebas en los animales tales como los conejillos de
Indias estaban lejos del sentido común, dado que los resultados obtenidos eran
a menudo falsamente positivos. Me explico:
Se
inyecta a un conejillo de Indias una preparación obtenida por centrifugación,
por ejemplo un sedimento urinario, en la cavidad abdominal, aquello, varios días
seguidos. El conejillo es objeto de un SBS con cáncer del peritoneo, llamado
mesotelioma del peritoneo. El conflicto: ataque contra su vientre.
Si
se deja al pobre animal tranquilo, durante 8 a 10 días, el conflicto encuentra
su solución y la fase de curación se traduce por la aparición habitual de
ascitis. Si se inyecta en la preparación centrifugada unos bacilos ácido-resistentes,
la ascitis puncionada 6 a 8 semanas más tarde será turbia y nauseabunda.
Ocurre
lo mismo si el conejillo contrajo antes bacterias tuberculosas. Se trataba de
resultados falsamente positivos.
Si
no había en ningún caso presencia de micobacterias durante la fase dolorosa
activa, el líquido de la cavidad abdominal del conejillo era límpido y los
tumores no podían desaparecer.
Para
la Nueva Medicina, la experimentación en los animales es, naturalmente, un
verdadero escándalo, sin hablar de la tortura infligida a aquellos seres
desafortunados. Los aprendices de brujo no sabían lo que hacían.
Las
bacterias.
Para
las bacterias, es distinto. Pertenecen a los órganos gobernados por la médula
cerebral (zona roja): se trata del mesodermo (hoja embrionaria media). Como los
órganos gobernados por la médula cerebral, se caracterizan por una división
celular en fase de curación, a saber: se multiplican durante la fase PCL. Para
esta multiplicación, privilegian los edemas, es decir un entorno líquido y
caliente.
Si
llamábamos abcesos fríos los fenómenos de curación tuberculosos
(caseificación de los tumores), aunque tuviesen lugar en fase PCL, los fenómenos
que se deben a las bacterias son abcesos calientes.
Quiero
decir: las micobacterias pertenecen al nivel del cerebro antiguo (zona amarilla)
y se comportan como todos los tumores: se dividen en fase de conflicto activo.
En
cambio, las bacterias pertenecen al nivel del cerebro (zona roja) y actúan como
todos los órganos gobernados por éste, particularmente como los órganos
gobernados por la médula cerebral: hay multiplicación celular en fase de
curación (fase PCL). Es la razón por la que las bacterias se multiplican sólo
en fase de conflictolisis (CL).
Los
virus en relación con los órganos gobernados por el córtex cerebral se
multiplican exclusivamente en fase PCL, así como lo vamos a ver en adelante.
Vemos,
pues, que los microbios se integran plenamente al proceso biológico de los SBS.
Crecieron como lo hicimos, y para nosotros. Son igualmente una parte del
todo, un anillo de la cadena, lo que ignorábamos. Por eso intentamos ciegamente
destruir aquellos aliados con antibióticos o sulfamidas.
No
son los microbios los que nos matan sino el enorme edema que se forma en el
cerebro si el conflicto dura demasiado.
Nos
queda una cosa por descubrir: las bacterias pueden hacer e igualmente, en
cierta medida, deshacer.
Los
cirujanos utilizan este hecho, descubierto hace 50 años. Por ejemplo, abren una
fractura conminutiva por perforación con una serie de puntas permanentes y la
dejan abierta, porque una fractura abierta accesible a las bacterias se cura más
rápidamente que cuando la llaga está cerrada. Las bacterias, pues, facilitan
la reconstitución, pero también quitan los fragmentos de huesos inútiles que
quedan. Su función principal es aún la reconstitución.
Los
virus.
No
se trata de organismos vivos propiamente dicho, tales como las bacterias, mas se
trata de moléculas proteínicas complejas que se multiplican exclusivamente en
fase de curación después de la solución del conflicto y que ayudan a la
reconstrucción de la úlcera de la piel o de las mucosas. Hablamos únicamente
de los tejidos de las mucosas del epitelio pavimentoso de las hojas embrionarias
externas (ectodermo). Parecen ser unos catalizadores amicales, tales como
los conocemos en química: unas substancias que, por su presencia, producen un
efecto sin transformar el proceso químico. Los virus se verán rechazados una
vez acabado el trabajo.
Toda
fase de curación en la que unos virus deben intervenir cuando se trata de órganos
gobernados por el córtex cerebral se desarrolla mucho mejor en presencia de
virus. Si durante un período, creímos tener que alejar todo virus, ya no es
igual hoy en día: hasta debemos procurar que los virus correspondiendo a cierta
fase de curación esten presentes.
Todavía
no sabemos si los virus son transmisibles o si pueden ser producidos por nuestro
organismo (se duplican en un entorno proteínico, es obvio).
La quinta ley biológica.
La
Quintaesencia.
Lo
que llamamos enfermedad es ahora considerado como parte de un programa
biológico especial pertinente previsto por la naturaleza en el transcurso de
los tiempos (SBS).
Esta
quinta ley biológica o Quintaesencia constituye el alma de la Nueva
Medicina. Algunos la llaman Medicina sagrada.
Es
la verdad que la Nueva Medicina se encuentra de alguna manera sacralizada por
esta quinta ley que viene completando y concretando la quintaesencia. Piensen en
las gigantescas perspectivas que se presentan.
Por
un lado, la medicina sagrada es infinitamente científica, fundada en 5
leyes biológicas.
Por
otro lado, nos vuelve hacia la medicina antigua de los sacerdotes de Asclepios,
que en aquella época era muy humana...
Por
una parte, ya no existen enfermedades en el sentido en el que se entendía
antes, ya que todos los síntomas que se pueden constatar se explican fácilmente
y se pueden controlar sin dificultad en la mayoría de los casos.
Por
otra parte, vivimos en un mundo que no tiene realmente nada de biológico. ¡La medicina
sagrada no significa que estamos en el paraíso, alejados de todo
sufrimiento y de la muerte, en ningún caso!. Mas aquella medicina intelectual
que pretende científica, desprovísta de alma, apagada y sin compasión, la
puede dejar el que comprendió y respeta las leyes y las reglas de la Nueva
Medicina.
La
medicina ahora se ha vuelto cósmica, ya que aplica las mismas leyes a los seres
humanos, a los animales y a las plantas. Todo es programado ya para cada
criatura en su patrimonio. Podemos hoy por vez primera comprender a los
que nos rodean, los animales y las plantas. Es un privilegio poder vivir con tal
conciencia, el poder respirar y compartir con los que nos rodean.
Para
mí, es asombroso constatar que la enfermedad es un programa especial
cuyo sentido es biológico. Esto replantea no sólo las terapias sintomáticas,
sino que las vuelve absurdas. ¿Quién, después de este descubrimiento,
quisiera intervenir en los maravillosos ciclos de la naturaleza, en este
programa especial de la naturaleza con significado biológico?.
Las enfermedades
no existen ni han existido nunca con el sentido que le dábamos. No son más que
fases distintas del programa especial adecuado (SBS) concebido por la
naturaleza.
Comprendemos
ahora por que el 80 al 90% de los animales se curan espontáneamente por sí
solos, aún tratándose de cánceres. Los seres humanos también se curaban
espontáneamente antaño, y en las mismas proporciones, antes de que existiese
quimioterapia, radioterapia, morfina: esa medicina en la que reinan cinismo y
cianuro de potasio, medicina que hunde el paciente en el pánico y lo pone
enfermo. ¡Entendemos también ahora por que el 98% de aquellos pacientes
enloquecidos se mueren, mientras el 95% de los pacientes tratados por la Nueva
Medicina sobreviven!.
Los
Focos de HAMER
por
el Dr. Harry Watt, Munich.
Artículo publicado en el nº 36, octubre-noviembre 1988, de
la revista científica raum&zeit, die neuen dimension der
Wissenschaft (Espacio & Tiempo, la nueva dimensión de la ciencia).
Ediciones Ehlers-Verlag GmbH, Poazlagasteig 5, 8157 Dietramszell. Redacción:
Hohenzollernstr. 60 800 Munich 40.
Sin
duda no es fácil descubrir qué es lo que el doctor Ryke Geerd Hamer ha
encontrado en el transcurso de esta última década, a saber: una manera de
considerar al hombre en su existencia biológica y psíquica, que permite
comprender la naturaleza de los tumores, y clasificar no ya únicamente a los
tumores malignos, sino también a innumerables y variadas afecciones que hasta
ahora nos veíamos obligados a aceptar como una fatalidad generalmente
inexplicable, y en cuyo misterio se intentaba penetrar estableciendo relaciones
de causa y efecto con los supuestos factores de riesgo.
Sin
embargo, el hecho de que lo fundamentado y la precisión de su enfoque hayan
sido verificados y confirmados millares de veces y, sobre todo, que este
descubrimiento permita una terapéutica eficaz, con curación en un 97% de los
casos, hace de todo punto inexplicable que, a pesar de las posibilidades de
verificación hasta en sus menores detalles, los responsables de la medicina y
la salud hasta ahora hayan rechazado en bloque e ignorado sistemáticamente todo
el asunto. O mejor dicho, lo hayan condenado al silencio, imponiendo un
hermetismo total para evitar su difusión en la práctica y la enseñanza médica.
Para
comprender esta paradoja es preciso haber vivido muy de cerca nuestro escenario
médico, nuestra justicia, y nuestra sociedad, movidos todos ellos (sobre todo
en sus cimas más altas) por el afán de beneficio. Renunciar a la materia
muerta, a los citostáticos, a las radiaciones y al bisturí, a los marcadores
tumorales, a los receptores, a las muestras, a los edificios esterilizados, a la
medicina nuclear, en pocas palabras, apartarse de los grandes centros e
instalaciones de exterminación de tumores y de pacientes conduciría a una
quiebra, si no total por lo menos parcial, de ramas enteras de la industria (Y
no serían tan solo las industrias farmacéutica y médica las que correrían
esta suerte...). (La medicina contemporánea está unida por un hilo conductor a
la medicina de los campos de concentración, cita un renombrado analista).
Sin
embargo, y a nivel global, todo esto sería positivo. Muchos procesos de elevado
coste y erróneos, (según Hamer) serían entonces innecesarios. Quien tenga
dudas sólo tiene que solicitar a una pequeña editorial de Colonia (Amici di
Dirk Verlagsgesellschaft) la documentación, e inhalar la información a
disposición de todos, sin preocuparse en exceso por las pruebas: porque todo lo
que se dice es verificable, y la prueba ha sido aportada infinidad de veces.
Para reproducir la demostración se precisa una mañana, un escáner y...
pacientes.
Y
pasan cosas...
Todo
esto, debemos reconocerlo, parece bastante misterioso. A mí también me pareció
misterioso cuando, nueve meses después del período de interinidad y del
inevitable examen para la obtención del diploma de Estado, una paciente puso
ante mis narices un libro en cartón amarillo, titulado «Fundamento de una
Nueva Medicina - Tomo I: El sistema ontogenético de los tumores, cánceres,
leucemia, psicosis, epilepsia».
También
me pareció misterioso cuando, pocas semanas más tarde, ingenuamente y sin
complejos, me presenté en la casa del Dr. Hamer en Sülzburstrasse, Colonia
(tuvo la gentileza cuando le llamé por teléfono, de recibirme inmediatamente,
y me costaba un poco seguirle, a pesar de que lo conseguí bastante bien). Vi el
pequeño despacho de trabajo, en un desorden aceptable (pero en el que todo era
localizable), y el parabrisas con dos agujeros de bala colgado en un rincón
(recibió estos obsequios al recoger de la imprenta los primeros ejemplares de
su libro). Los despachos de la casa editorial, instalados en unas estancias
laterales, y libros apilados a lo largo del estrecho pasillo. Y luego, un grueso
dossier de más de 10 centímetros de grosor, repleto de órdenes, informes de
investigaciones y procedimientos interpuestos contra él.
No
hay duda, aquí pasan cosas...
Y
luego, la impresión de que le costaba mucho interrumpir la conversación, tanto
cuando tuve que apresurarme a marchar para acudir a otra cita, como a la mañana
siguiente, cuando le telefoneé para darle las gracias por haberme recibido la víspera
así como por el libro que me había regalado, y para excusarme por haber tenido
que dejarle de una forma tan poco orgánica, con sus inmensos deseos, tan
comprensibles, de comunicarse. De todas maneras se le veía con estrés,
aparentemente sin ser consciente de ello, ya que a pesar de todo se mantenía
sereno y combativo. Debe ser, me decía yo, que está ya tan acostumbrado...
Pero
el colmo de lo insólito es que se haya retirado a este médico el permiso para
ejercer la medicina. Con ocasión de su tesis de agregación, quiso publicar sus
descubrimientos, reservando sin embargo la primicia para la facultad de
Medicina. Sólo abjurando, retractándose públicamente, hubiera obtenido de
nuevo la autorización para ejercer. Y no lo hizo.
Trabajo médico a ciegas, humillado.
Poco
después de obtener el doctorado en medicina, al finalizar los estudios que me
habían dado una cierta base pero que me dejaban desamparado ante una aglomeración
inextricable, no sistemática, de hechos y contenidos aparentemente desprovistos
de toda relación unos con otros, luego de un examen que hasta hoy no he logrado
comprender, que era sólo charla -aparentemente una comedia-, me había retirado
del trabajo clínico con mal sabor de boca, casi, por así decir, por instinto,
simplemente porque no podía soportarlo. Y he aquí que ahora se me ofrecía
esto.
Según
un dicho, la fortuna viene cuando duermes. Para asumir responsabilidades es
necesario saber retractarse. Es justamente ese saber retractarse lo que, por
desgracia, les falla a la mayoría de colegas, doctores y profesores, para poder
dar el acuerdo o examinar con imparcialidad y completa neutralidad aquello con
lo que se puede dotar a nuestra facultad. La ineptitud en reconocer su
ignorancia y sus errores (que en sí mismos no son un deshonor), conduce sin
transición al crimen consistente en practicar desvergonzadamente y sin sutileza
errores mortales, a partir de aquí superficiales en todos los grados hasta
llegar hasta al Ministerio Federal de la Salud (Ver acerca de este tema las «Cartas
para una Nueva Medicina», que difunde la casa editora anteriormente
mencionada). Tras la lectura y la visita, hubiera preferido, de haber podido
hacerlo, transferir inmediatamente mi permiso para ejercer a este médico, que
hubiera sabido servirse mejor de él que yo mismo...
Todo
está relacionado. Los seguimientos, de los que el Doctor Hamer me mostró las
pruebas contenidas en su dossier, y los descubrimientos capitales en el campo médico,
se iniciaron simultáneamente el 18 de agosto de 1978 ante la pequeña isla de
Carvallo, a lo largo de Córcega, cuando su hijo Dirk fue mortalmente alcanzado
mientras dormía por el tiro de fusil de un príncipe italiano. El Doctor Hamer
escribe especialmente en la dedicatoria de su libro: A causa de su muerte yo
mismo caí poco después enfermo, presentando un S.D.H. (un Síndrome Dirk Hamer),
un conflicto de pérdida con cáncer testicular. Esta coincidencia asombrosa
entre un choque conflictual y dramático y mi propio cáncer me llevaron a
descubrir la Ley de Hierro del Cáncer.
Vigilancia total.
Dirk
Hamer murió el 7 de diciembre de 1978 en Heidelberg como resultado de su herida
de bala. Sin embargo, el contencioso legal no siguió su curso habitual, a saber
que se le pidan explicaciones al asesino a quien se abre el proceso sino que,
cosa curiosa, y que causó la indignación del Doctor Hamer lo que sucedió fue
exactamente lo contrario. De repente, y como el asesino era un personaje tan
representativo como protegido, la bala salió rebotada, y por haberse atrevido a
formular una acusación tan monstruosa contra este asesino, fue el padre de la víctima
quién hasta hoy mismo, es objeto de persecuciones penales, consta en la lista
de búsquedas internacionales y está sometido a una vigilancia total.
Publicado
en noviembre de 1987, el libro que he mencionado anteriormente corresponde a un
estadio relativamente reciente de las investigaciones científicas del Doctor
Hamer. Algunos años antes había publicado la obra titulada «El cáncer,
enfermedad del alma». El resultado de estas investigaciones pone a prueba a
cualquier médico que se haya aplicado con sabiduría al estudio de la medicina
académica.
Cuando,
por ejemplo, se dice que todo cáncer es desencadenado por un choque psíquico
brutal, un conflicto agudo y dramático, vivido en soledad, que el dogma de la
siembra hematógena es completamente inexacto, que el infarto de miocardio
corresponde a un fenómeno de involución de la disfunción cerebral propiamente
dicha e indica, por lo tanto, una mejoría sobrevenida en el curso de una
enfermedad, como por ejemplo, en la leucemia, que para el Doctor Hamer es
expresión de curación y, como tal, inofensiva, cuando el lector formado en
medicina académica se encuentra así confrontado con cosas absolutamente increíbles
que, a primera vista, parecen incomprensibles, sólo una lectura exhaustiva y
sin prejuicios es capaz de disipar la confusión inicial.
Ciertamente,
embarcarse en esta aventura puede salir caro, pero eso no significa nada en
comparación con el enriquecimiento y la revelación de las relaciones de causa
y efecto que el Doctor Hamer pone en evidencia. Más bien todo esto es una
liberación para los pacientes, que van a verse libres de la fatalidad, del carácter
pretendidamente ineluctable de su destino.
En
tanto que los estudios de medicina clínica me dieron la impresión de páginas
de libros arrancadas de mi vida, sin corresponderse con nada vivo o natural, y
cuyos contenidos hacían pensar en esculturas confusas y raras colocadas en el
paisaje del mundo, la medicina adquiría aquí de repente una forma equilibrada
y coherente, a no confundir sin embargo con la pretensión de ser exhaustiva.
Las premisas permiten sacar conclusiones lógicas entre la historia de la
evolución del hombre, del cerebro, de los órganos y de los mecanismos
comportamentales biológicos que corresponden a estas estructuras.
Es
así como la reacción a un conflicto biológico se corresponde exactamente con
la alteración funcional de un área cerebral específica, y sincrónicamente,
en el arranque de un cáncer en el correspondiente órgano. El encadenamiento
acontecimiento psíquico-cerebral-órganico debe ser aquí concebido como un
suceso absolutamente simultáneo en los diferentes niveles.
Transformaciones en el cerebro.
Las
modificaciones acontecidas en las áreas cerebrales son denominadas con el término
Focos de Hamer, y son observables en el cerebro. Durante la fase activa
del conflicto se observa un estado vasoespástico que, una vez resuelto el
conflicto, deja lugar a un edema intra o perifocal. Llegado el caso éste puede
representar un peligro mortal (cuando se da, por ejemplo, en el tronco
cerebral). Sin embargo, y por sí mismo, este edema que la medicina académica
interpreta erróneamente como una metástasis cerebral anuncia únicamente la
fase de curación.
Es
el código erróneo que emite el área cerebral afectada durante la fase vasoespástica
lo que induce a la proliferación tumoral en el órgano-diana. Este crecimiento
se produce tan solo durante la fase vaso-espástica de la actividad conflictual.
Una vez esta fase ha concluido, es decir, cuando el conflicto ha quedado
resuelto, la proliferación se interrumpe y, en función de los tipos específicos
de tejidos histológicos, se produce un enquistamiento, una restitución
cicatricial o una reducción bacteriana.
La
rigurosa correlación existente entre perturbación de la esfera comportamental,
la función cerebral (Focos de Hamer y la enfermedad orgánica, concuerda
precisamente con el origen embrionario de los órganos, o más concretamente,
con los componentes orgánicos por un lado, y por otro con las partes del
cerebro que se han ido desarrollando sucesivamente en las diferentes etapas de
la evolución. Es así como los Focos de Hamer, que se corresponden con los
tumores malignos de los tejidos de origen endodérmico, se localizan en el
tronco cerebral, en tanto que los de los tejidos de origen mesodérmico se
localizan, bien en el cerebelo, bien en la médula cerebral, y los casos que se
producen en los tejidos de origen ectodérmico se encuentran localizados en el córtex
cerebral.
La
terapéutica exige un exacto conocimiento de estos procesos. Intuición de los
estados de dependencia psíquica del paciente y un máximo de experiencia y de
manejo, de tacto, en el dominio de las complicaciones y situaciones de crisis
relacionadas con la fase de curación consecutiva a la conflictolisis. Sobre el
plano orgánico, la fase de curación comporta -a imitación de la fase de
crecimiento tumoral-, diferencias características según que el tejido dependa
de una u otra de las tres capas embrionarias.
La Ley de Hierro del Cáncer.
Para
mayor claridad, citemos textualmente el libro: «La Ley de Hierro del Cáncer es
una ley biológica, empírica, que se basa en la experiencia y en la observación.
Ha sido verificada sin excepción en los casi 10.000 casos que he examinado
hasta ahora. Se trata de un sistema superdeterminado de tres funciones
correlativas, de manera que conociendo una de ellas se está en disposición de
deducir las otras dos».
En
un principio, la Ley de Hierro del Cáncer se enunciaba así:
Actualmente, la Ley
de Hierro del Cáncer se enuncia como sigue:
El Sistema Ontogenético de
los Tumores es un sistema global y lógico. Naturalmente, se desprende como
consecuencia de la Ley de Hierro del Cáncer y del descubrimiento del Foco de
Hamer en el cerebro. Pero
este sistema ontogenético de la medicina, y en particular de los tumores,
reviste para la medicina una importancia comparable a la de la tabla periódica
de los elementos para las ciencias físicas y naturales. ¡Pone de relieve las
correlaciones existentes en el interior de toda la medicina!
El Sistema Ontogenético de los Tumores.
El
Sistema Ontogenético de los Tumores se anuncia así:
Primero: A las tres capas
embrionarias les corresponden tipos específicos de tejidos histológicos
parecidos, sí no idénticos. Sin embargo, la capa embrionaria media o
mesodermo, se subdivide en un mesodermo antiguo (o mesodermo cerebeloso), y un
mesodermo nuevo (o mesodermo cerebral). El mesodermo cerebeloso tiene un
comportamiento análogo al del endodermo del tronco cerebral, en tanto que el
mesodermo del cerebro se comporta como el ectodermo cerebral.
Segundo: Cuando un
Síndrome Dirk Hamer provoca un Foco de Hamer las esferas orgánicas
correspondientes a este foco de Hamer presentan una reacción específica, en
función de la capa embrionaria de la que se derivan:
|
Endodermo |
Foco de Hamer
en el Tronco cerebral. |
|
Mesodermo |
Foco de Hamer en el
Cerebelo. |
|
Ectodermo |
Foco de Hamer en el
Cerebro. |
Tercero:
La fase de curación consecutiva a la solución del conflicto difiere mucho según
sea la capa embrionaria.:
Los
conflictos psíquicos como inductores.
Hace
milenios que la humanidad experimenta, más o menos conscientemente, que en último
extremo todas las enfermedades tienen un origen psíquico. Esto se ha convertido
en un conocimiento científico, sólidamente anclado en el patrimonio de los
conocimientos universales (tan solo la medicina moderna convierte a nuestros
seres, antaño amados, en un saco repleto de fórmulas químicas). Ni que decir
tiene que lo mismo sucede con las enfermedades tumorales malignas: era, hasta
ahora, algo evidente para cualquiera más o menos consciente de una realidad
espiritual. Pero nadie había llegado siquiera a suponer, y menos aún a revelar
con pruebas fehacientes, de forma tan precisa y detalláda, las relaciones
existentes de causa y efecto. Lo específico de estas enfermedades es lo que de
característico existe en este tema en el suceso psíquico.
El
aspecto ontogenético nos da la clave. El tema del conflicto, determinante de la
dirección general y de la orientación, define exactamente la localización del
proceso psíquico concomitante, a saber, no en función de la situación
objetiva del conflicto sino según la forma en que el interesado lo resiente
subjetivamente. El tronco cerebral, cuyo dominio es el control del equilibrio
homeostático interior del organismo, presenta lógicamente Focos de Hamer, y
crea tumores endodérmicos cuando se producen conflictos profundamente
viscerales, tales como el conflicto de la comida, el conflicto del miedo a la
muerte y los conflictos de miedo visceral.
En
lo que respecta al cerebelo, su perfeccionamiento corresponde, a nivel filogenético,
al paso del medio acuático a la tierra firme. Se localizan en él Focos de
Hamer, y tumores de tejidos y membranas mesodérmicas (melanomas, cáncer de
seno, mesoteliomas de la pleura, del pericardio, del peritoneo), así como
motivadores de conflicto relacionados con el medio inmediato y su delimitación
(daño a la integridad física y moral, deshonra, conflictos sexuales
interiorizados, conflictos familiares, y conflictos de nido).
Por
el contrario, la médula ósea, cuyos tejidos que de ella derivan nos
proporcionan el sosten, y son: huesos, músculos, cartílagos, tendones, tejido
conectivo, que en conflictos de desvalorización de sí mismo (dependiendo del
nivel de desvalorización + ó - profunda, se da en un tejido u otro), se da
necrosis de tejido, esto es perdida de sustancia , en la fase de conflicto
activa. También se encuentran aquí el bazo, como centro de reserva de la
sangre, dando respuesta a los conflictos como transfusiones, que en la
naturaleza son las hemorragias. La parte mesodérmica del ovario, en conflictos
de pérdida, y conflictos con connotaciones sexuales con un hombre. Dandose
crecimiento celular solo en fase de solución de conflicto, es solo tejido
cicatricial nada peligroso.
También
en el ectodermo se da pérdida de sustancia el conflicto activo (úlceras), y
crecimiento celular cuando las úlceras son reparadas. Gracias a esta capa
embrionaria el organismo se abre por entero al exterior, está relacionada por
un lado con todos los tejidos de origen ectodérmico y las partes del organismo
ectodérmicas: el epitelio pavimentoso de la piel exterior, de la mucosa bucal,
de la rinofaringe, de la laringe, de los bronquios, de la parte del esófago, la
pequeña curvatura del estómago, el píloro, el bulbo duodenal, los islotes del
páncreas, el epitelio de las vías biliares, la vejiga, la pelvis renal, la
vagina, el cuello y el orificio del útero, el recto, la mucosa ectodérmica de
las coronarias (¡el interior de los vasos branquiales está compuesta de
epitelio pavimentoso!); y por otro lado, el ectodermo propio del Sistema
Nervioso Central, compuesto de neuronas centrales y periféricas, células
ganglionales, neuroglías y epitelio sensorial de los ojos, de la nariz y de las
orejas, además de la neurohipófisis, que en fase activa de conflicto se da una
pérdida funcional.
Es
de remarcar que las células que no se dividen manifiestan alteraciones, pero no
hay proliferación con formación tumoral. En su origen, existen conflictos
resultantes de la inmediata confrontación y del contacto con el mundo exterior:
el conflicto territorial, el conflicto de demarcación de territorio, la
rivalidad territorial, el desamparo moral, el terror, el miedo, el pánico, el
disgusto, la fetidez, la resistencia. Es precisamente este tema territorial y la
cuestión de la integridad del territorio los que especifican la referencia
individual al mundo exterior.
Se
comprende mejor aquí lo que se entiende por conflicto biológico: disputas que
nos afectan por nuestra propia naturaleza, y no ya situaciones conflictuales en
el sentido del concepto psicoanalítico, que describe los fenómenos de otra
manera. Las esferas comportamentales fijadas biológica, genética y filogenéticamente,
con sus modelos específicos, constituyen aquí el fundamento, el entarimado
sobre el que se desarrolla el conflicto y, en caso favorable, se resuelve.
No todos los conflictos son generadores de cáncer.
En
el estado de la actividad conflictual, la simpaticotonía es netamente
preponderante, y se acompaña de pérdida de peso. Una vez que el conflicto se
ha resuelto o se ha suprimido esta fase de estrés, aparece una inervación de
reposo con parasimpaticotonía, o vagotonía pronunciada, laxitud, recuperación
del peso, programación de débil circulación sanguínea. Es preciso destacar
aquí que no todo conflicto es generador de cáncer, si no, no quedaría ya
nadie con vida. Para que se produzca un cáncer es necesario que se produzca un
choque conflictivo fulminante, masivo, que no pueda ser resuelto o integrado.
Cuando
se confronta a un paciente con un diagnóstico de cáncer, disparado por su médico,
la amenaza que inmediatamente resiente el paciente puede ser canalizada de
diferentes maneras. O bien, bajo el dominio de un conflicto de miedo a la
muerte, desarrolla un cáncer alveolar en los pulmones (endodérmico), o,
tomando repentina conciencia de la precariedad de su condición mortal que le
condena a ser definitivamente desechado, hace una desvalorización masiva con
reacción cancerígena (mesodérmica) en los huesos, que se manifiesta por
osteolisis, a la que erróneamente se tomará por metástasis ósea.
Otro
punto a tener en cuenta es que se encuentran Focos de Hamer en el origen de las
psicosis: en las esquizofrenias. Siempre existen dos focos localizados en los
dos diferentes hemisferios y correspondientes a dos conflictos distintos en
activo.
La terapéutica.
En
la terapéutica del cáncer, el Doctor Hamer distingue tres niveles:
La
moderna falta de instinto.
La
duda puede hacernos plantearnos la siguiente pregunta: Si los choques
conflictuales (Síndrome Dirk Hamer) desencadenan tales enfermedades, ¿por qué
no alcanzan a todos de la misma forma, ni trastocan en igual grado?.
Respuesta: Todos tenemos capacidad para aguantar una fuerte dosis de conflictos
sin por ello caer enfermos, a condición de que dispongamos del suficiente
tiempo para prepararnos con antelación. Es el fogonazo repentino el que nos
hiela de espanto y nos paraliza, es el Síndrome Dirk Hamer lo que desencadena
el proceso. Lo que tiene de determinante es la absoluta imposibilidad de
integrar este choque conflictual.
Los
fenómenos que se desarrollan en las profundidades del subconsciente, los
estados del alma y eventualmente, las enfermedades, vienen a recordarnos nuestra
naturaleza cuando la disonancia llega a convertirse en insoportable. El terreno
sobre el cual se siembran tales choques conflictivos biológicos se desarrolla
paralelamente a la síntesis de la vida. El instinto, que de forma ordinaria
debe guiarnos hasta los límites de lo aceptable, ha debido sumergirse por
debajo del nivel de percepción, cuando los inestimables descubrimientos del
Doctor Hamer, en lugar de ser acogidos con entusiasmo, son recibidos con la
prohibición de ejercer la medicina, y se despliegan esfuerzos inimaginables a
fin de mantenerlos en el hermetismo. No en todas partes, eso es cierto. En el
Estado francés, en América y a la chitacallando también en nuestro país,
este nuevo sistema se aplica ya con éxito por parte de un cierto número de
colegas.
Siguen las persecuciones contra el doctor Hamer.
Durante
este tiempo, el autor de estos descubrimientos, sin autorización para ejercer y
con una discreción prudente, está obligado a defenderse contra las tentativas
de los tribunales de hacerle internar a la fuerza en un manicomio, lo que le
exige estar implicado en un procedimiento penal. Sin delito cometido que
justifique esta estratagema, se inventa sin empacho uno hecho a medida -el fin
justifica los medios-, y es así como se convoca al interesado a comparecer ante
la cámara correccional del tribunal de gran instancia de Coblenza, en el primer
piso del Palacio de Justicia, calle Karmelinstrasse 14, sala 105, el 21 de julio
de 1988, a las 14 horas. Por lo que sé, ésa es la última citación. A pesar
de que a esta reunión fue invitado un cierto experto, el profesor Horn,
director del hospital psiquiátrico regional, 5470 Andernach, el ingreso a la
fuerza en el psiquiátrico fracasa. Pero la cacería a caballo prosigue.
Ante
esta situación llevada al límite del absurdo (y que en nuestros días no es la
única), deberemos sin duda esperar largo tiempo antes de que nuestros pacientes
puedan tener acceso normal y regular a un tratamiento de este tipo. ¡Cuántos
monumentos no se han erigido con considerable retraso!.
Conclusión.
En
resumen, se puede decir que este sistema lógico y coherente permite, con medios
relativamente modestos, curar con eficacia a enfermos que hasta ahora sucumbían
a su mal, o debían seguir viviendo en condiciones deplorables y presas del pánico.
Considera al hombre en su totalidad y no ya -como dice el doctor Hamer- bajo la
forma de un conglomerado de células independientes, llevando una vida propia y
portándose bien casi que por casualidad en un caso propicio, y singularizándose
igualmente al azar cuando van mal. Se ha puesto en evidencia la coherencia, la
unidad de los planos psico-cerebral-orgánico, y ello descompone y desquicia por
completo al conjunto de la medicina científica vigente hasta ahora. Más le
valdrá que empiece cuanto antes a mostrarse dispuesta a dejarse sacar de
quicio...
En
cualquier caso va a producirse con todo ello una desmitificación, una revelación,
en la que se verá si se apuesta por el bienestar de los pacientes, o por el
disfrute de las ventajas derivadas de una situación fantasmal, que funciona únicamente
porque la gente cree en ella. Donde el parasitismo de una corporación debatida
más que nunca ha hecho su agosto, podemos esperar ver levantarse las mayores
barricadas, y formarse las mayores resistencias a la Nueva Medicina del doctor
Hamer. Es además una situación clásica. Simplemente, cada vez que en el
transcurso de la Historia se ha producido una situación parecida, la sorpresa
de los contemporáneos y las controversias suscitadas han sido análogas y se
han producido efectos similares.
Los
puntos de vista y las concepciones, enlazados en espiga y orquestados sin la
menor verificación, como las tesis a la moda que han invadido el escenario del
cáncer durante las últimas décadas, corresponden más a una infatuación
pasajera de la época que a una realidad insoslayable. El presente es tan solo
una hipótesis que no se ha superado (Robert Musil). Como consecuencia, el
doctor Ryke Geerd Hamer ha saltado muy por encima de la sombra de su tiempo. Es
un desafío a la esencia humana de los médicos actuales. El obstáculo que les
toca franquear exige por su parte un esfuerzo intelectual y espiritual a la vez.